jueves, 17 de enero de 2013

El cartero de los gatos

Siempre me han gustado los gatos. A menudo digo que el mundo se divide entre quienes les gustan los perros y quienes aman a los gatos. Y yo soy de gatos.
Creo, además, que un gato no debe comprarse. En mi opinión, la relación que puede llegar a establecerse con un gato está a medio camino entre la amistad y la familia... Y uno no compra amigos ni parientes...
Los gatos no se poseen, te aceptan a su lado. Ahora mismo soy aceptado por dos. Uno de ellos es un gato de piso, con una cierta tendencia a la melancolía y un poquito anoréxico... La otra es una gata de campo, montaraz, glotona y aventurera. 
Ninguno de los dos tiene nombre. Nunca se han visto entre sí. Pero se conocen.
Estos días estoy comprobando que los dos están estableciendo una relación a través mío. De alguna manera me siento el portador de "cartas de amor felinas". Ambos se han vuelto mucho más cariñosos conmigo. Me buscan, me rodean, me olfatean, me ronronean... Soy consciente de que ambos se están conociendo a través de mí y tratan de comunicarse por medio de estas muestras de afecto, que yo transmito en cada viaje entre la casa del pueblo y la del campo y viceversa.
Creo que me he convertido en algo así como "el cartero de los gatos".
No hago más que darle vueltas a la conveniencia o no de facilitar un encuentro "real" entre el gato y la gata. Una especie de "vis a vis". Solo mis profundas convicciones sobre una "paternidad responsable" me hacen dudar...
Por otro lado, esta situación presenta curiosos e interesantes paralelismos con mi historia personal, pues durante bastantes años mi relación amorosa fue "a distancia" y se fue construyendo carta a carta, por lo que la figura de "el cartero" fue un pilar fundamental. Asomarse cada día al buzón; estremecerse al encontrar un sobre con una letra bien conocida; aspirar ese sutil aroma que se desprendía al rasgar el sobre... Esos pequeños placeres, tan incomprensibles para quien no los ha disfrutado, quizá no estén tan alejados de las sensaciones que están viviendo, a través de mi intermediación, mis dos gatos.
Claro que... sé que es maravilloso un tipo de relación así; pero, por experiencia sé también que no todo puede ser una "relación epistolar", sino que, como cantaba Pablo Milanes, "le hacía falta carne y deseo tambien"... 
De manera que sigo pensando en que tal vez no estaría mal "facilitar un encuentro amoroso" entre estos dos "novios por correspondencia". 
Trataré que sea algo especial; tan especial como algunos de esos "momentos inolvidables" que yo he tenido la suerte de disfrutar en mi Vida.